
Por: Santiago Bayona Bonilla
Antes de dar inicio al concierto de Placeres del Alma, interpretado por la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires dentro del marco de abonados número 15 del Teatro Colón; la gente ingresa por la puerta de Viamonte de forma agitada y estruendosa. Una madre llevando de la mano a su hija con un abrigo que le llega hasta las rodillas, una pareja de extranjeros que por el acento debían ser de Alemania y un señor que pregunta si su esposa ya ingresó. Todo converge en este espacio en el que me encuentro parado y al frente mío esta Horacio Ríos, el protagonista de esta entrevista. Son las 9 menos 20 de la noche del jueves 26 de septiembre de 2013. Horacio de 62 años, inspector e icono del teatro desde hace más de 27, me espera parado en la puerta mientras revisa la boleta de cada asistente y le da una calurosa bienvenida al teatro. A simple vista pareciera que Horacio es una persona alta y de mal genio, pero es todo lo contrario.
En un encuentro en su lugar de trabajo Horacio se prepara para lo que será una nueva jornada, cara a cara deja en claro que lo atemoriza y lo desvela, como son el misticismo que esconde este espacio emblemático y sus pensamientos de poder llevar estas operas y ballets a lugares públicos de la ciudad.
- ¿Cuáles son las diferentes funciones de un inspector de sala del teatro Colón?
Horacio: “La función del inspector de sala es el ingreso del público, control del personal, control general del espectáculo y responsable del sector del teatro… de la puerta que tiene cada inspector, en este caso el ingreso del público por la puerta de Viamonte”Este porteño que hizo estudios secundarios recibiéndose como profesor y técnico de Historia, Geografía y Educación Cívica, es egresado del Conservatorio de Música Manuel de Falla, donde ejerce actualmente como director y profesor de Estudios musicales, aparte de su actual función en el Teatro Colón. Tiene dos hijos y está divorciado aunque estuvo casado por más de 24 años y espera tener nietos para poder darles un recorrido por el teatro. Con una voz gruesa y segura de lo que va a responder, traga saliva y afirma:
“Me interesa la parte de las bellas artes, por lo que siempre estuve ligado al arte y a la cultura, me gusta mucho la música clásica cuando la puedo escuchar y no tengo que trabajar tanto, hay veces en que pasan operas o pasan ballets y no puedo ni ver un pedacito, hay veces en que pasan ensayos y puedo ver estos enteros, esto va a depender del trabajo y del tiempo que yo tenga”.
Antes de que el teatro Colón fuera reabierto al público en el festejo del Bicentenario de Argentina y cuando este se encontraba en restauración Horacio no descanso, ni tomo un tiempo sabático sino que estuvo trabajando como contador y acomodador en algunos casos de un teatro conocido como El Colón chiquito o Petit Colón y llamado Teatro 25 de Mayo, ubicado en el barrio de Villa Urquiza en la avenida Triunbirato y que sigue funcionando pero en aquel momento iba a hacer reinaugurado.

Estuvo en este cargo hasta que se reabrió el Colón y volvió a su habitual cargo.
- ¿Cómo y cuando accedió al cargo de inspector de sala del Teatro Colón?
H: “ Llego al cargo de inspector de sala en la reinauguración del teatro en el 2010 hasta la actualidad, si bien antes del cierre del teatro, fui también inspector no de puerta principal como de la que ahora soy sino de Salón Dorado.. qué bien es un cargo de inspector, pero más bajo y de menor responsabilidad. Ahora es un cargo de mayor responsabilidad por la influencia de público que tiene la puerta de Viamonte que es la segunda puerta en importancia, por cantidad de público que ingresa por la misma. La primera es la entrada de Libertad, la segunda es la de Viamonte y la tercera es la de Tucumán.
Alto, de traje negro con corbata a rallas color vino tinto, zapatos lustrados y brillantes y perfecta postura, Horacio se detiene un instante mira a su alrededor y saluda a un encargado de acomodación quien le pregunta cómo ve la jornada de esa noche, a lo que responde: – ¡Qué horror! Lo más importante que me ha sucedido en la vida fue haber adquirido este puesto en el que día a día descubro algo nuevo, y de lo que no me había fijado.
Es primavera pero a pesar de ello eso no se nota porque en la noche, el frio se cuela por debajo de los pantalones de forma impregnante haciendo que el lugar donde nos encontramos se vuelva místico y relevante. Con lo que le pregunto que si el teatro al igual que otros de su magnitud en el mundo como son el de La Opera de Paris o el Metropolitan de Nueva York que cuentan con ciertas historias “fuera de lo normal”, ocurran de esta manera en el Colón; y él fríamente me responde: “El teatro no pasa de excluyente como los demás del mundo con respecto a apariciones o ruidos extraños, ruidos sin explicación, donde no se encuentra a nadie; no digo que esto sea común pero si ocurre en oportunidades, escuchar tocar el piano y en este no ver sentado a nadie. Luego resalta: “Escuchar pasos y no ver a nadie, o ver sombras donde efectivamente no hay nadie, se han llegado a captar algunas imágenes, fotografías y videos de esas no sé si llamarlas apariciones o espectros, pero como todo teatro del mundo tiene su historia que disparan los pelos de punta y hacen poner nervioso a cualquiera y que no tienen ninguna explicación racional a lo que se ve o a lo que se presiente. Y concluye esta anécdota diciendo: “Creo que este teatro no escapa de los grandes teatros del mundo respecto a apariciones o respecto a aparecidos fantasmas, etc”.
Siento nervios pero a la vez emoción por lo que destaca Horacio, es increíble que un espacio de esta magnitud guarde tantos secretos, la entrevista se vuelve amena pero no deja en ningún momento de ser formal y continúo con mi siguiente pregunta:
- Entonces durante su larga trayectoria como inspector de sala, ¿Cuál ha sido la historia más tenebrosa que ha presenciado en el teatro Colón?
La historia me sucede con un muchacho que había ingresado a trabajar al teatro hacia meses y tenía en ese momento la madre imposibilitada de no poder venir al teatro y conocerlo porque tenía un problema motriz, entonces antes de que empezara la función, él empieza a recorrer lo que se llama La Herradura( forma interna del teatro) de la zona de Tertulia, porque él había estado trabajando en el ascensor y empieza filmar desde una punta de la herradura del teatro hasta la otra punta, yo veo haberlo salido del ascensor y veo la espalda de él caminando por La Herradura y filmando el pasillo, para después mostrárselo a la madre y referirle cada cosa que estaba viendo en la filmación.. Yo caminaba detrás de él hasta que él terminó de filmar, y cuando este término, me vio y nos saludamos. A los dos o tres días me llama y me dice que quiere hablar conmigo y que si yo recordaba días anteriores lo que había ocurrido, le dije que sí, a lo que este me respondió y me dijo ¿Qué viste? Le dije como que qué vi yo salí del ascensor vi tu espalda y comencé a seguirte hasta que terminaste de filmar y me dijo; te voy a mostrar la filmación. Cuando me muestra la filmación que él hace me encuentro con que en uno de los laterales del cortinado se ve una persona masculina de traje, parado a un costado de este cortinado, donde yo aseguro haber pasado y no haber visto a nadie. Siguiendo la filmación se ve claramente una mujer de cabello rubio cruzar por entre las paredes, algo imposible porque no habría cruzado por ninguna puerta que llevara a otra puerta, yo presencié el hecho de haber visto la filmación y no haber visto en tiempo real a nadie”.

Pero las historias paranormales no ha sido lo único que Horacio ha presenciado dentro del teatro y a lo cual quiera referirse en la entrevista; sino que también los espectáculos majestuosos e imponentes como fueron las presencia de Los Tres Tenores en el 2011, y el ballet del Lago de los Cisnes, entre otros son los que menciona y destaca: “El que no se emociona con el coral, con la orquestación de esa orquesta realmente es porque se olvido el alma en la casa, porque realmente conmueve, más siendo músico, sería injusto elegir dentro de tantas disciplinas que han pasado por este teatro un espectáculo particular e inigualable porque todos han sido muy importantes, muchos me han puesto la piel de gallino y me han estremecido, como también me han llegado al corazón”.
Dentro de la jornada de trabajo de Horacio su tiempo vale oro, y cada segundo es importante, así que la entrevista va llegando a su final y no me queda más que preguntarle y cerrar así mi encuentro cultural:
- Desde su concepto cree que las artes escénicas deberían proponerse en escenarios y espacios diferentes a los convencionales como es el caso del teatro?
Pienso que la cultura no debería tener fronteras, no tiene que tener limitaciones, me parece extraordinario y productivo permitir acerca a la gente a la lirica a través de ballets, orquestas y operas en parques públicos, anfiteatros, avenidas, plazas, estadios. Como hacen los artistas populares de manera gratuita o a un bajo costo.
Esta pregunta le causa mucha emoción, le agradezco por concederme su tiempo, a lo que él se siente complacido y continua aportando: “Me parece muy bueno que este tipo de arte se acerque a los espacios públicos gratuitos para que el público pueda tener un acceso más vivencial. Aunque debería destacarse que el ballet para poder desarrollarse tiene que tener ciertas condiciones, por ejemplo en el piso, por el hecho de caer, por el hecho del baile en sí, porque estaría en juego la integridad física del artista y del bailarín. Creo que estos eventos tendrían una gran acogida del público, no hace falta saber de pintura para apreciar la belleza, la música es lo mismo, no hace falta saber música para apreciar la belleza del sonido o la belleza del arte de la composición”.
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